¿Meriendan y desayunan correctamente nuestros hijos?

En este mundo actual en el que vivimos con un frenetismo imparable, la publicidad aprovecha dicha condición para bombardearnos con productos “abrir y listo” que requieren mínimas preparaciones y prometen ser una solución eficaz para paliar el hambre matutina de nuestros hijos. Lo peor de todo es que los intereses de la industria alimentaria consiguen hacerse paso engañándonos y haciéndonos creer que lo que nos venden es saludable e incluso necesario para nuestros hijos. Chocolates en polvo solubles fortificados con hierro y fósforo, conteniendo además una cantidad de azúcar que supera con creces los umbrales de las recomendaciones de ingesta máxima por la Organización Mundial de la Salud. Zumos de “frutas” a partir de concentrados con azúcares añadidos de todas las formas posibles (jarabes, fructosa, sacarosa…). Bollos rellenos de chocolate que prometen aportar la mitad de los requerimientos de hierro diarios, acompañados de ingentes cantidades de grasas saturadas, trans y azúcar.

En el peor de los casos, con enormes prisas y un niño más bien “de mal comer”, le damos de desayuno un brick de zumo de naranja, para que tome fruta de una maldita vez. De acompañamiento, y para que tenga suficiente energía para aguantar las clases de toda la mañana, sacamos dos paquetes de galletas o un bollito de chocolate. Abrir la despensa y listo. A los niños les encanta, son sabrosos. Pero la realidad es que ni el zumo ni los bollos sacian como deben, y aportan una cantidad muy elevada de calorías vacías, es decir, sin nutrientes de verdad que acompañen dicha energía. Por si fuera poco, tendemos a darles de más de lo que necesitan porque, día tras día, llegan hambrientos a casa. Les causa un subidón de azúcar que se gasta rápido y a la hora de almorzar están muertos de hambre, y las últimas horas de clase antes de volver a casa resultan especialmente duras y dificultan la concentración del niño.

Dentro de lo que pensamos que es más saludable, le mandamos una manzana al niño y un sándwich de pan de molde blanco sin corteza relleno de crema de chocolate y avellanas, que sabes que le encanta. El resultado es que la manzana vuelve a casa intacta, o bien permanece podrida en la mochila durante semanas, y en cambio, el sándwich “vuela”. Mal, mal, mal.

Fruta

Podríamos hacer la fruta más atractiva combinando varias en una macedonia y preparándolas en trozos pequeños para que el niño vea muchos colores y le resulte fácil comerla, al menos hasta que se acostumbre a disfrutar realmente de su sabor y textura y pueda tomarla entera sin problema. Si gustan mucho los zumos, definitivamente es mejor hacerlos en casa, no se pierde demasiado tiempo y, al contrario de lo que se piensa, el zumo puede conservar muchas de sus propiedades aunque pasen las horas, siempre y cuando lo transportemos correctamente en una botella hermética, y a ser posible opaca para protegerlo de la luz. Sin embargo, creemos que es mucho más ideal elegir el agua como bebida y tomar la fruta entera, con piel y bien lavada. Se aprovechan mejor los nutrientes, y recordemos que la fruta en zumos presenta una mayor concentración de azúcares sencillos, ya que necesitamos más cantidad de fruta para prepararlo.

Sándwich Vs. Bocadillo

Debemos emplear pan normal para hacer bocadillos, mejor si es integral porque su aporte en fibra va a saciarlo durante más tiempo, y rellenarlo siempre de maneras distintas. El socorrido pan de molde, generalmente, contiene azúcar añadido (¡sí, lo que lees!), además de cero cantidad de harinas verdaderamente integrales, muchas grasas y aditivos. Si no tienes tiempo para hacerlo casero, por lo menos compra pan de verdad. Excepcionalmente podemos rellenarlo de crema de avellanas y chocolate (¿has probado a hacerla casera?), una o dos veces al mes, pero no deberíamos en absoluto acostumbrar al niño a que esto sea lo habitual. De resto, combinaríamos queso, patés caseros de legumbres, aguacate machacado, incluso alguna vez tortilla francesa o huevo duro, ¿por qué no? También podríamos introducir diferentes tipos de embutidos, pero siempre sin abusar, puesto que contienen por lo general una elevada cantidad de sal y grasas no deseables.

Frutos secos

Si para rematar acompañamos todo esto con un puñadito pequeño (muy pequeño) de nueces o avellanas, resulta la merienda o el desayuno ideal. Siempre, por supuesto, deben ser frutos secos en crudo y sin sal, para no aportar un extra de grasas innecesarias y no elevar en exceso la energía.

Enseñar a los niños a prepararse su propia comida

Los niños adquieren capacidad para manejar herramientas mucho antes de lo que pensamos. Si motivamos a nuestros hijos desde muy pequeños a preparar sus propias meriendas solos o con ayuda al principio, no solamente aumentaremos su autoconfianza ya que con eso demostraremos que le consideramos suficientemente responsable, sino que además le haremos conocer el origen de los alimentos y le enseñaremos lo que es más saludable para él. De este modo, será mucho más fácil evitar que rechace ciertos alimentos y aprenderá a disfrutar de la comida sana y a valorar más lo que ve en su plato.

En resumen…

Fruta, bocadillos, frutos secos y agua. Más fácil y sano, imposible. La alimentación de nuestros hijos requiere mucha atención y a menudo cuidamos más lo que comen en casa y nos olvidamos de la importancia de las comidas que realiza en la escuela a media mañana o por las tardes. Si queremos prevenir al niño de futuras enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes, hay que empezar por el principio, enseñándole a comer bien desde muy pequeño.

Artículo escrito por Carlota Acosta

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