Agave, el edulcorante de moda

Agave, el edulcorante de moda
31/10/2016 Andrea Higuera

Agave, el edulcorante de moda

agave

El consumo excesivo de azúcar es una realidad, y cada vez existen más evidencias sobre su relación con diversas enfermedades, incluido el cáncer. Por ello, muchas personas buscan alternativas más saludables para endulzar bebidas, postres y otros alimentos.

Una de estas alternativas es el agave, que normalmente se comercializa en forma de sirope, y del que probablemente hayas oído hablar.

¿Qué es el agave?

El agave es una planta de aspecto similar al aloe vera, perteneciente a la familia Agavaceae, y que tiene su origen en México. Tiene unas pencas carnosas de dónde se extrae el sirope del mismo nombre.

Sirope de agave

El sirope de agave tiene un aspecto similar a la miel, y se obtiene a partir de la savia de la planta, tras someterla a un proceso enzimático que descompone los carbohidratos a azúcares simples. Esto hace que presente un potente poder endulzante, el doble que el azúcar común. Como curiosidad se utiliza como sustituto vegano a la miel.

Está compuesto casi en su totalidad por fructosa, y una pequeña parte de glucosa, por lo que presenta un bajo índice glucémico, el cual queda reflejado en el artículo ‘Tabla internacional de valores de índice glicémico y de carga glicémica’, escrito por Foster-Powell y otros expertos de la Universidad de Sidney (Australia) y publicado en la revista especializada American Journal of Clinical Nutrition en 2002. Por este motivo, podemos encontrarlo con indicaciones como “apto para diabéticos”, ya que la fructosa no eleva los niveles de insulina en sangre a corto plazo.

Sin embargo, como comentamos en este artículo, aunque el alto contenido de fructosa pueda parecer positivo, no lo es tanto si es en exceso. A diferencia de la glucosa, que puede ser metabolizada por todas las células de nuestro organismo, la fructosa únicamente se metaboliza en el hígado.

Por ello, cuando una concentración elevada de fructosa llega al hígado, éste se sobrecarga, y comienza a transformarla en grasa a través de la formación de partículas VLDL, aumentando así los triglicéridos y el colesterol total, que pueden acumularse y dar lugar a problemas hepáticos.

Sabiendo esto, debemos ser críticos juzgando sus pros y sus contras para incluirlo o no en nuestra dieta, y no dejarnos llevar por el marketing de los productos que se venden como saludables y naturales. Además, debemos tener en cuenta que un consumo excesivo de cualquier cosa acaba siendo más perjudicial que beneficioso para nuestra salud.

Artículo escrito por Lourdes González

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