¿Tengo que beber agua por obligación, aunque no tenga sed?

¿Tengo que beber agua por obligación, aunque no tenga sed?

El agua es un componente fundamental de nuestro organismo, y esencial para la vida, necesario para todas las acciones fisiológicas de nuestro cuerpo, así como para compensar las pérdidas hídricas, y evitar la deshidratación.

El mensaje de beber sin sed se ha hecho muy insistente en nuestros días. Sin embargo, beber agua cuando se tiene sed es suficiente para compensar las pérdidas, excepto si se está en ambientes calurosos o húmedos, y en situaciones fisiológicas o patológicas concretas.

La sed es un marcador individual de nuestras necesidades hídricas, ya que cada individuo tiene una situación distinta (actividad física, peso, edad…) y con ello unas necesidades diferentes. En general, se recomienda beber alrededor de 2 litros al día en adultos sanos.

Existen ciertas situaciones de la vida en las que no es suficiente beber solo cuando haya sed, como en la infancia, el embarazo, la lactancia, la edad avanzada, o en enfermedades específicas como la gastroenteritis, o fiebre.

Esto se debe a que en algunas de estas situaciones las necesidades hídricas están elevadas, y son de suma importancia para lograr un estado de salud óptimo. Debes saber que cuando sentimos sed es porque ya hemos comenzado a deshidratarnos.

En otros casos, el mecanismo de la sed no es del todo efectivo, como en el caso de los niños, que no se darán cuenta de que tienen sed si están entretenidos con otra cosa, o en los ancianos, en los que el mecanismo de la sed no funciona correctamente, por ello es importante insistirles para que beban agua con frecuencia, sobre todo en temporadas de calor. Así como también ocurre de forma general en invierno, que con el frío podemos no sentir tan fácilmente esa sensación de sed.

Si no se está en ninguna de estas situaciones basta con guiarse por la sed, además, de ser consciente del nivel de hidratación en el que se encuentra cada uno, para saber si se está bien hidratado o, si por el contrario, se debería aumentar la ingesta hídrica. Ya que una deficiente hidratación es responsable de numerosos ingresos hospitalarios, y es una causa fácilmente evitable.

Habrá que prestar especial atención a nuestra hidratación en ambientes muy calurosos o muy fríos, o con la práctica de ejercicio físico, no solo debemos estar atentos a nuestra hidratación, sino también a la de los que nos rodean, niños y ancianos.

La manera más fácil de controlar nuestro nivel de hidratación es mediante nuestra orina. Debemos fijarnos en que orinamos al menos cuatro veces al día, y que ésta es de color amarillo pálido, si el color es muy oscuro será un signo de deshidratación, y deberemos incrementar el agua diaria en al menos dos vasos.

Otros signos de deshidratación pueden ser la fatiga o el dolor de cabeza, ante lo que deberíamos beber dos vasos de agua más al día, por si acaso.

Artículo escrito por Cristina Blanco

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