¿Cuál es el endulzante ideal?

¿Es tan malo el azúcar? ¿Engorda menos el azúcar moreno? Y el sirope de agave, ¿engorda? ¿Los edulcorantes artificiales son cancerígenos? ¿Es la stevia del supermercado el edulcorante ideal? El exceso de información y el afán de la industria alimentaria por intentar vendernos sus productos más a la moda, hacen que sea normal un estado permanente de confusión por parte del consumidor en torno a una cada vez más amplia oferta de todo tipo de endulzantes para nuestras bebidas, comidas y postres.

Endulzantes calóricos: Azúcar blanco, azúcar de caña o panela y sirope de agave

Azúcar blanco

Del azúcar blanco refinado poco tenemos que decir. Demostrada en incontables ocasiones su relación directa con la obesidad y el sobrepeso, resistencia a la insulina, diabetes, enfermedades cardiovasculares y adicción a sabores dulces. El azúcar blanco, al estar totalmente refinado, podríamos decir que casi es glucosa pura. Químicamente, el azúcar es un compuesto conocido como sacarosa, que se compone de dos moléculas de glucosa unidas por un enlace químico. Esto significa que tan solo hay un paso hasta que obtenemos la sustancia que es directamente utilizada por el organismo para producir energía: se rompe el enlace químico y obtenemos glucosa. Es un endulzante que sólo aporta calorías además del riesgo de las enfermedades mencionadas, y que deberíamos reducir gradualmente hasta eliminarlo de nuestra dieta.

Azúcar de caña integral

Para empezar, el azúcar de caña integral, también conocida como panela molida, no es lo mismo que el conocido azúcar moreno. Al menos tal y como lo conocemos. El azúcar moreno que compramos en el supermercado, muchas veces no es más que azúcar blanco teñido con melaza. Lo que quiere decir que no es verdaderamente integral, ha sido refinado exactamente igual que el azúcar blanco, por lo que todos los componentes de los que goza la panela molida, estarían ausentes. Hablamos de cierta cantidad de minerales y vitaminas presentes de forma natural en la panela, algo similar a lo que sucede con la miel. Pero cuidado: no deja de ser azúcar. Eso quiere decir que, ya que vamos a consumir azúcar en algún momento puntual, mejor que sea de caña integral, de la de verdad.

Sirope de agave y miel

No son productos tan diferentes como pensamos. El sirope de agave, cada vez más de moda, se utiliza por su bajo índice glucémico en comparación con el de otros azúcares calóricos, razón por la que se recomienda para pacientes diabéticos ya que no eleva el azúcar en sangre a corto plazo. Esto se debe a su componente principal: la fructosa. El problema llega cuando se consume en exceso. Este nutriente es metabolizado únicamente por el hígado, por lo que nos arriesgamos a su sobrecarga y el consiguiente exceso de producción de triglicéridos si nos pasamos con el sirope.

Edulcorantes artificiales

La sacarina, el aspartamo y el ciclamato son edulcorantes artificiales derivados del petróleo (sacarina), dos aminoácidos (aspartamo) y de la fermentación bacteriana de algunos azúcares (cliclamato).

El aspartamo es 200 más dulce que el azúcar y se ha declarado en varios estudios que su consumo prolongado puede tener efectos cancerígenos y sobre el sistema nervioso central en ratones de laboratorio. Esto, de momento, no es extrapolable a los humanos. Es un aditivo ampliamente estudiado del que se recomienda no tomar más de 40-50mg/kg de peso al día, según datos de la Food and Drug Administration (FDA) americana. Lo que sí se ha demostrado es su relación con trastornos digestivos.

Algo similar ocurre con la sacarina, que también ha sido ampliamente estudiada y cuyos supuestos efectos cancerígenos de momento sólo se han dado en animales de laboratorio.

En cuanto al ciclamato monosódico, que es 50 veces más dulce que el azúcar, su ingesta diaria admisible se sitúa en 11mg/kg de peso al día. Lo malo de esto es que se encuentra en una enorme cantidad de productos light como bebidas refrescantes, yogures y dentífricos (E-952 en la lista de ingredientes). Varios estudios, de nuevo, demostraron que causa cáncer en ratones de laboratorio, aunque consumido a elevadas dosis. Sin embargo, se sabe que en el tracto gatrointestinal, el ciclamato puede convertirse en ciclohexilamina, compuesto que sí puede ser cancerígeno. Por este motivo se ha prohibido su uso en algunos países como Canadá y algunos países latinoamericanos.

Polialcoholes y tagatosa: otros edulcorantes naturales

Los polialcoholes más conocidos y empleados en la industria de los productos procesados son el eritriol, el xilitol y el sorbitol, y son unos edulcorantes que aportan una muy baja cantidad de calorías, aunque este aporte no sea del todo nulo. Sin embargo, a diferencia de la sacarosa y la fructosa, no son cariogénicos y aportan textura a los alimentos. Estas sustancias pueden encontrarse de forma natural en algunas frutas, pero se extraen para su uso mezclado con otros edulcorantes artificiales para emplearlos como edulcorante de mesa o se añaden a alimentos que se presentan como la versión sin azúcar de un producto.

Numerosos estudios han demostrado que un consumo excesivo de polialcoholes puede tener efectos laxantes, además de modificar la flora intestinal y causar molestias abdominales.

La tagatosa es similar a los polialcoholes en cuanto a que aporta menos calorías y no es cariogénica, además de no elevar la glucemia. Por este motivo es recomendado para diabéticos.

Debido a la falta de estudios es preferible tomar estos endulzantes con moderación, de forma muy puntual, puesto que sus efectos indeseables sobre la flora intestinal podrían tener mayores repercusiones en la salud a largo plazo.

Stevia, el edulcorante estrella

El edulcorante natural a base de stevia no tiene contraindicaciones demostradas ni efectos secundarios, no provoca caries, prácticamente carece de calorías en las cantidades a la que la utilizamos, no causa picos de insulina (recomendada para diabéticos), es resistente al calor (interesante para elaborar bollería casera al horno) y tiene un poder edulcorante de 300 veces superior al azúcar blanco.

La stevia que podemos conseguir fácilmente en los supermercados, de conocidas marcas y en forma granulada, no es más que un edulcorante artificial más al que se le añade entre un 1% y un máximo de 3,5% de extracto de la hoja de stevia, o lo que leemos en la lista de ingredientes: glucósidos de steviol. De ahí que siempre insistamos en la importancia del etiquetado. Además de esto, podemos observar que existe una aclaración nutricional: “Un consumo excesivo puede tener efectos laxantes”. ¿Cómo? ¿No era que la stevia no tenía ninguna contraindicación? Observamos que el resto del producto per sé está compuesto de eritriol, lo que explica el efecto laxante. Si quieres encontrar un edulcorante a base de stevia de calidad, ve a una herboristería o tienda especializada, y asegúrate de que contenga más de un 95% de stevia pura.

Conclusiones

No existe el edulcorante ideal. Podríamos decir que la stevia es el más indicado para casi todo, pero la verdad es que si somos adictos al dulce deberíamos empezar por educar nuestro paladar y aprender a disfrutar de los sabores más puros e inalterados de los alimentos. Un consumo elevado de productos industriales light con sustitutivos del azúcar es malo para la salud, no solo por la falta de estudios en cuanto a los edulcorantes utilizados, sino porque el simple hecho de ser un producto preparado hace que además, generalmente contenga cantidades elevadas de sodio y de grasas saturadas para hacer el producto sin azúcar más palatable. Si logramos disminuir el consumo de dulces en general, no pasa nada si esa vez puntual que tomamos algo dulce sea azúcar o, de paso, azúcar de caña integral.

Artículo escrito por Carlota Acosta

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