¿Por qué comer menos no siempre es bueno para tu salud?

¿Por qué comer menos no siempre es bueno para tu salud?
24/01/2017 Andrea Higuera

¿Por qué comer menos no siempre es bueno para tu salud?

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Pronto, los rigores del invierno serán un recuerdo y llegará la primavera. Y con ella vendrán la luz, el calor y un verano cada vez más cercano y deseado. Muchas amigas optan por comenzar la “operación bikini” para sentirse bien o, simplemente, entrar en el vestido de la boda o la comunión a la que han sido invitadas. Si estás pensando en realizar una dieta hipocalórica muy restrictiva de emergencia, piénsalo mejor. Una dieta extremadamente baja en calorías conlleva muchos riesgos que pueden hacer que tu experimento acabe en tragedia y, para colmo, llegará un momento en el que ya no te sirva para bajar ni un gramito más.

Estos son las siete razones por las que comer menos no siempre es bueno para la salud:

1. Pasarás hambre

Resulta obvio, pero no es fácil mantener este estado. Entre otras cosas, debido a la enorme sensación de hambre, sobre todo estando acostumbrado a comer más.

2. Disminuye la tasa metabólica basal

Cuando tomamos menos calorías de las que necesitamos, se produce un estancamiento de nuestro metabolismo. El cuerpo es sabio, y al detectar que no le llegan calorías suficientes para sobrevivir, se genera una disminución del gasto energético. Es decir, quemamos menos calorías basales y menos mediante la actividad física. O lo que es lo mismo, aquello que comamos lo almacenaremos con más rapidez en forma de grasa. Esto causará el conocido efecto rebote y ocurrirá especialmente cuando dejemos la dieta hipocalórica y volvamos a la rutina habitual, ganando más peso del que hemos perdido.

3. Pérdida de masa muscular y flacidez

Si no proporcionamos nutrientes adecuados, perdemos masa muscular porque obtenemos la energía de los músculos. Sobre todo a largo plazo y si tomamos menos calorías de las que necesitamos para realizar las funciones vitales, que son todas aquellas acciones involuntarias que realiza el organismo para mantenernos con vida (respiración, latidos del corazón, etc.), el cuerpo empezará a “alimentarse” de músculo. Lo cual conlleva también una disminución del metabolismo.

4. Déficits de minerales

Aunque generalmente tomamos sodio en exceso, disminuir drásticamente los alimentos puede hacernos pasar por un déficit del mismo, además de otros nutrientes como el potasio y el fósforo. Esto puede generar un desequilibrio electrolítico y causar calambres, confusión y a la larga patología renal, entre otras enfermedades. Además, la ingesta inadecuada de calcio puede generar osteoporosis y con ello propensión a sufrir una fractura ósea.

5. Déficits vitamínicos

Especialmente vitaminas liposolubles (vitamina A, K, D y E), ya que la tendencia a la hora de querer adelgazar suele ser la eliminación total de grasas junto con la reducción de calorías. Las consecuencias de esto pueden ser múltiples, pasando por fallos en la coagulación sanguínea por déficit de vitamina K, osteoporosis por falta de vitamina D, anomalías neurológicas por falta de tocoferol o vitamina E y conjuntivitis por déficit de vitamina A, además de una mayor propensión a sufrir enfermedades de tipo infeccioso.

6. Fatiga

El mareo, el cansancio, la debilidad e incluso los fuertes dolores de cabeza realmente pueden causarnos serias dificultades para realizar las actividades diarias.

7. Alteraciones hormonales

La grasa es esencial para producir estrógenos y otras hormonas. Una alteración de dicha producción genera alteraciones menstruales que pueden derivar a la larga en infertilidad, por no hablar de los cambios de humor e irritabilidad.

¿Hay solución?

Si ya has comenzado este tipo de régimen y te encuentras en un estado de estancamiento de peso, vuelve a consumir durante un tiempo las calorías que necesitas según tu peso y talla, hasta que el cuerpo se acostumbre a la energía que le aportas y vuelva a elevarse la tasa metabólica basal adecuadamente. Luego puedes disminuir progresivamente la cantidad de calorías, verás efectos duraderos y mantenidos.

No sigas dietas demasiado restrictivas. Nunca por debajo de las 1200 kcal sin la supervisión de un nutricionista, lo ideal es reducir gradualmente la cantidad de calorías.

Combina ejercicio físico con la dieta. El de tipo aeróbico (correr, nadar, caminar a paso rápido) nos ayudará a acelerar el proceso de quema de grasa, pero no debemos olvidarnos de complementarlo con ejercicio anaeróbico (de fuerza) para cuidarnos de no disminuir la masa muscular y mantener o incluso aumentar la tasa metabólica basal.

No te olvides de consumir todos los nutrientes en su justa cantidad. No elimines ningún alimento, ya que al disminuir la energía total corremos el riesgo de suprimir los alimentos que pensamos que son más calóricos, es decir las grasas y los carbohidratos. Pero lo cierto es que son esenciales, solo debemos cuidar la cantidad y el tipo, tanto de las grasas, que deben ser preferentemente insaturadas (aceite de oliva, aguacate, frutos secos), como de los carbohidratos, que deben ser complejos e integrales (patatas, pasta integral, quinoa, avena y otros cereales integrales). Aumentar el consumo de fibra siempre nos ayudará a sentirnos más saciados, así como beber suficiente agua.

Artículo escrito por Carlota Acosta

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